Los ricos aburridos de su propia vida que terminaron pintándose humedades falsas en sus casas

Fue en plena pandemia. Como tantas personas, la periodista Alba Otero decidió enfrentar los días interminables con una reforma: quitar el gotelé de su habitación. Espátula en mano, pasó horas raspando hasta que la pared quedó llena de oquedades, desconchones y capas de pintura antigua que ya no recordaba haber puesto. Dos manos de blanco encima bastaron: el resultado no fue una pared nueva, sino una con "cierta nostalgia". No quedó mal.

Los ricos aburridos de su propia vida que terminaron pintándose humedades falsas en sus casas

Seis años después, descubre que ese accidente doméstico tenía un nombre. Lo que para ella fue un apaño involuntario, para otros se ha convertido en un objetivo de diseño planificado con detalle.

De las cocinas impolutas de Nancy Meyers a la trash wall de la Generación Z: el interiorismo abraza la decadencia

El pasado verano se hizo viral en TikTok un video en el que una joven argentina transformaba el salón de su piso de alquiler. La meta era concreta: lograr que las paredes parecieran deterioradas por la humedad. Para conseguirlo, consultó a ChatGPT y aplicó varias capas de pintura que luego desgarró, utilizó enduido plástico y trabajó con espátula las capas que ya tenía la pared.

Lo que ella celebró como un logro estético recibió otro nombre en redes: trash wall, o muro de basura. Y con él llegó la indignación. Comentarios como "romantizando la pobreza" o "hermosa pared con hongos" se acumularon en la publicación, junto con preguntas más directas: ¿por qué adoptar símbolos de la precariedad sin asumir sus costos reales? La respuesta implícita es incómoda: porque hacerlo es un privilegio de quienes no viven esa precariedad.

Imitar la precariedad ha levantado un intenso debate: para muchos, el moho no es aesthetic sino un riesgo real para la salud

Lo que antes era un problema a resolver —humedad, pintura descascarada, moho— se ha convertido en objeto de deseo. El sitio especializado Sipthestyle señala que lo que antes se leía como descuido hoy se celebra como una decisión de diseño audaz en bares y coctelerías: esas paredes transmiten historia, profundidad y personalidad, y generan una conexión inmediata con el pasado en cuanto el cliente entra al espacio.

La tendencia no se limita a la hostelería. El portal Hackrea apunta que la principal novedad para 2026 es el paso de los patrones visuales a la textura física. "Las paredes de 2026 están llenas de textura", afirman, destacando el auge de acabados como el encalado y el yeso, que buscan ese aspecto "perfectamente imperfecto" inspirado en el wabi-sabi japonés: la filosofía de encontrar belleza en la imperfección.

Lo que el debate estético suele omitir es el riesgo concreto: el moho real —no el simulado— libera esporas asociadas a problemas respiratorios, alergias e irritaciones crónicas, según la Organización Mundial de la Salud. Para millones de familias que no eligieron esa pared, la diferencia entre una superficie con carácter y una superficie insalubre no es visual. Es una cuestión de salud.

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